Thoreau: la vida sublime. El cómic

sublimeNo hace mucho se publicó un cómic sobre la vida de Thoreau. Lo extraje de la biblioteca con la intención de hacer una crítica constructiva, por si pudiera encontrar algún elemento interesante que justificara su lectura para una pequeña introducción al pequeño lector; sin embargo, más bien he encontrado motivos para no comprarlo, para no leerlo, para apartarlo de la vista, y para tocarlo con pinzas previamente desinfectadas.

Quizá estoy exagerando, quizá soy muy dramático, pero seguro que no lo soy tanto como Maximilien Le Roy, autor de esta libre interpretación de la vida de Thoreau, y sin duda “libre” es un eufemismo. La historia da lo que promete: Thoreau, el de la vida sublime; Thoreau, el de la vida magnífica; Thoreau, el héroe de cómic, a quien poco le queda para ser un superhombre.

El comienzo del libro es muy significativo. Nuestro Henry, que había vuelto de su experiencia en Nueva York buscando nuevas experiencias, queriendo iniciar algo distinto, a lo que no estuviera acostumbrado, que no fuera doméstico, y que había recibido el consejo de su amigo Channing para que se instalara en los bosques, se nos presenta, sin embargo, en Marzo de 1845, con la seguridad de un hombre que sabe lo que quiere, que está suficientemente capacitado para talar un bosque, si necesitara construir una mansión, y cultivar un campo que alimentara a todo el pueblo de Concord; un hombre decidido, imperturbable, sin ninguna duda sobre su objetivo. Nada nos dice de la cabaña de James Collins, cuya madera utilizó Thoreau para la suya propia, y de las inmensas dificultades para el cultivo que narra en Walden.

No, lo importante es la sublimidad, y no el realismo. Me divierte encontrar a Thoreau tumbado en la nieve, con la pulmonía que lo acosó durante toda su vida; me divierte más aún el aislamiento de que se hace gala, omitiendo las referencias a ese círculo cercano de intelectuales que, sin duda, marcaron su pensamiento: Thoreau reflexionó en soledad.

Casi todos los datos importantes del libro están modificados en este sentido, o se centran, justamente, en lo menos revelador. Cómo deja los bosques (con unas frases extraídas de Walden, que no llegan a explicarse debidamente), su relación con John Brown y los abolicionistas (que es muy parcial, incluso omitiendo a Emerson y Channing), e incluso su enfermedad, su muerte, sus últimas palabras.

Lo más equivocado es que todo está diseñado para mostrarnos a un Thoreau humanista, conciliador, incluso en las anécdotas más irreverentes y salvajes que Le Roy se atreve a mostrar, que soy muy pocas. Un Thoreau descafeinado, con el que llenarnos mucho la boca y nada la cabeza; un Thoreau basado en una concepción de la desobediencia civil que nunca llegó a conocer.

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Acerca de Diego Clares

Estudiante de filosofía en la Universidad de Murcia.
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2 respuestas a Thoreau: la vida sublime. El cómic

  1. Hace tiempo que leí el cómic y no recuerdo bien los detalles. Sin duda es una visión parcial, episódica y necesariamente subjetiva de la vida de Thoreau. El título se nos presenta revelador desde el inicio: Thoreau… ¿sublime?

    De todas formas, agradecí mucho que escogieran la vida de nuestro personaje para recrearla en tiras de dibujos. Personalmente no me disgustó el cómic. Me pareció algo diferente a lo que uno está acostumbrado a leer sobre Thoreau y lo disfruté bastante.

    Asumiendo buena parte de la crítica, no me quedó la impresión de un Thoreau “conciliador” tras leer sus aventuras. El cómic presenta más bien —si no recuerdo mal— un Thoreau muy belicoso contra la injusticia social, alejado de la imagen dulcificada que nos suelen vender de un Thoreau pacifista predecesor de personajes como Ghandi o Martin Luther King. Me resultó interesante que se trajera a la luz esa otra parte “oscura” de su vida, tan contraria al Thoreau conciliador y “sublime”.

    P.D.: He enlazado esta entrada a la página del cómic en Open Library, para completar la reseña del libro.

    ¡Gracias por el blog! Un cordial saludo desde Málaga.

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    • Diego Clares dijo:

      Muchas gracias por tu comentario. Con “conciliador” no me refería a “pacifista”. Es cierto que presentan una imagen más belicosa, pero aun así me parece que se centra en ligar la desobediencia al bien social, y no a la naturaleza. En algunos momentos da la impresión de que Thoreau está intentando arreglar la sociedad, y que sus acciones tienen ese objetivo principal (aunque quizá he exagerado un poco la crítica).
      Un saludo.

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