Sobre “Un paseo a Wachusett”


Hace unas semanas, tras terminar de editar “Tintes otoñales”, me propuse dedicar unos días a traducir otro de los textos pendientes de Thoreau, “Un paseo a Wachusett”. El texto, por su extensión y dificultad, no suponen mucho tiempo de trabajo, y me sorprendí a mí mismo terminando antes de lo que esperaba las primeras páginas, incluyendo el largo poema inicial. Sin embargo, me percaté de una serie de problemas que me han retrasado enormemente. El más urgente es, a mi parecer, la ausencia de información concisa sobre la existencia de dos versiones del mismo texto: la publicada originalmente en 1843, y la que apareció póstumamente en las Excursions (1863).

Si bien podría tratarse de una simple corrección por parte de los editores, en este caso las diferencias parecen deberse específicamente a su propia mano. Es importante destacar que algunas partes de este ensayo aparecieron incluidas en Una semana en los ríos Concord y Merrimack (1849), con bastantes modificaciones. Por ejemplo, el poema inicial incluía varios versos más. Algunas partes añadidas en Una semana aparecen en la segunda edición de Un paseo a Wachusett, pero no todas. Lo más notable es que el poema se mantiene intacto entre la primera y la segunda edición. Esto parece indicar que, en algún momento entre la publicación de Un paseo a Wachusett, en 1843, y la versión final de Una semana, Thoreau hizo correcciones a este ensayo, pero aparentemente decidió no volver a publicarlo sino añadirlo en la composición de su primer libro, tras lo cual incluyó más modificaciones.

Esta teoría parece convincente. Sin embargo, no he encontrado información que la confirme ni otros autores que comenten este fenómeno. Por lo tanto, me encuentro completamente perdido a la hora no sólo de hacer la edición del texto (pues no tengo herramientas para valorar qué valor debe darse a esas modificaciones), sino también para hacer una introducción y contextualización adecuada del ensayo.

Crow Hills Pond, bosque de Leominster (Mass), al sudeste del monte Wachusett

Teniendo en cuenta, además, que quiero dedicar los próximos meses a otro proyecto relacionado con Thoreau (del que hablaré en breve), he tomado la decisión de aplazar temporalmente esta traducción, de la que os dejo el poema mencionado, que Thoreau dedica a las montañas:

Con fuerza fronteriza os mantenéis firmes,

Con gran satisfacción circundáis alrededor,

Como único sonido, un silencio tumultuoso,

Sois las remotas cunas de los arroyos,

Monadnock, y las colinas de Peterborough[1];

Como una extensa flota,

Navegando a través de la lluvia y el granizo,

A través del invierno frío y el verano caluroso;

Aún resistiendo, sosteniendo vuestra elevada gesta[2],

Hasta que encontráis entre los cielos una ribera;

Sin ocultaros junto a tierra

Con cargamento de contrabando,

Pues aquellos que os enviaron a la aventura

Han puesto al sol para observar

Su honradez.

Navíos de línea[3], cada una,

Corréis hacia el oeste,

Siempre ante el vendaval,

Bajo la fuerza de vela[4],

Con metales de peso incalculable.

Me parece sentiros, aquí en mi firme asiento,

Inconmensurables la profundidad de la bodega,

Y la anchura de la manga, y la longitud de los aparejos[5].

Creo que obtenéis un placer lujoso

En vuestra nueva holganza occidental;

Tan heladas vuestras frentes, y de un azul fresco,

Ya que el Tiempo no tiene qué ofreceros;

Pues vosotras yacéis a lo largo,

Sois una fuerza sin dueño,

Madera primitiva sin tallar,

Tan rígida para las cuadernas, tan flexible para los mástiles;

La materia de la que están hechas las nuevas tierras,

Que un día serán nuestra ruta occidental[6],

Apropiada para los maderos de un mundo

Que se arroja a través de los mares del espacio.

Mientras disfrutamos de una luz persistente,

Aún os eleváis sobre el día de occidente,

Reposando allí, en la granja de Dios,

Como sólidos montones de heno.

Con bordes de plata y oro,

Las nubes flotan en su redil de damasco,

Y con tal profundidad de luz ámbar

Está vestido el oeste,

Donde aún unos pocos rayos se inclinan,

Que hasta el cielo parece extravagante.

Sobre el borde de la tierra montañas y árboles

Se alzan como si estuvieran tallados[7] en el aire,

O como los navíos en un puerto

Que aguardan la brisa matutina

Thoreau, Un paseo a Wachusett (1843)

[1] Aunque hay un Peterborough en Ontario, seguramente se refiere a la ciudad inglesa conocida por la historia de Hereward el Proscrito y por el monte Turold.

[2] En el texto original: “emprise”. Se refiere a una empresa heroica o una aventura intrépida.

[3] Un tipo de barcos de guerra, llamado así por la formación de combate con la que se usaban.

[4] En el texto original: “Under a press of sail”. Se refiere al empuje o fuerza máxima que pueden dar las velas a un barco.

[5] Particularmente de las velas, aunque la expresión se refiere a toda la maquinaria que permite el movimiento. Nótese que Thoreau está haciendo una comparación de estas dimensiones del barco con las tres dimensiones de una montaña.

[6] En comparación con las rutas de comercio orientales, principalmente de seda y especias. En la versión de Una semana, el término “trade” (comercio, o también ruta comercial) está enfatizado en cursiva.

[7] En el texto original: “graven”. Se refiere especialmente a grabar o esculpir algo, pero sobre todo a las figuras religiosas o ídolos.

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Tintes otoñales

Durante muchos años, Thoreau se sintió atraído por el otoño, por sus colores, sus tintes y transformaciones, por las intensidades de esta temporada. Tras recopilar muchísimas anotaciones, descripciones de especies, reflexiones sobre el otoño, la maduración y la caída, consiguió componer este ensayo, “Autumnal Tints”, hacia el final de su vida.

Terminó las primeras versiones del ensayo en 1859, cuando hizo las primeras conferencias con este mismo título, y en 1862, unos meses antes de morir, lo envió a sus editores para su publicación en The Atlantic Monthly, donde vería la luz, precisamente, en octubre de ese año.

Enlace de descarga.

Henry D. Thoreau, Tintes otoñales, trad. Diego Clares, 2020.

El texto tiene la capacidad de transmitir casi en cada línea la intensidad del otoño, o varias de sus intensidades, por medio de diversas aproximaciones: descripciones precisas, comparaciones y metáforas, interpretaciones alegóricas, y reflexiones. Pero, sobre todo, es un ensayo sobre la madurez, sobre cómo naturalmente no sólo estamos preparados para soportar los cambios, y especialmente el cambio de la decadencia y la muerte, sino que cada decadencia y cada muerte suponen para nosotros, si estamos dispuestos a aprovecharlas, un momento para la madurez y el perfeccionamiento.

Sin embargo, esto no encierra todos los matices, todos los tonos y los tintes, que podemos hallar en este libro. Y me alegra terminar esta traducción en pleno octubre, cuando aún se puede disfrutar, en algunos lugares, de la estación.

Octubre es el mes de las hojas pintadas. Su rico resplandor se proyecta ahora alrededor del mundo. Así como los frutos y las hojas y el mismo día adquieren un tinte brillante antes de caer, también lo hace el año cerca de su ocaso. Octubre es su cielo al atardecer; Noviembre es el posterior crepúsculo.

Thoreau, Tintes otoñales, p. 19.

Durante la traducción del texto he optado por cambiar la interpretación del título. El motivo se encontrará expuesto en la misma introducción, y a partir de las observaciones del propio Thoreau sobre el otoño y sus cambios. De modo que este ensayo, al que en otras ocasiones me he referido como “Colores otoñales”, queda así traducido como “Tintes otoñales”.

Esta edición, al igual que la del resto de ensayos de historia natural, está pensada para su lectura en formato de libro abierto, o impreso a dos páginas por cara.

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Colores Otoñales: primeras observaciones sobre la traducción

Recientemente, habiendo terminado los últimos detalles de mi tesis doctoral, he vuelto a centrar mi atención en la traducción de Thoreau. Entre los textos pendientes y que me había propuesto traducir están “Autumnal Tints” y algunos fragmentos de los paseos nocturnos. También surgió la propuesta de traducir el ensayo sobre Sir Walter Raleigh, aunque por el momento no sé cómo abordarlo, y he de disculparme por ello, ya que es un texto largo y con dos versiones, compuestas póstumamente por dos editores diferentes, que recogen diversos fragmentos y en los que también hay correcciones póstumas. En definitiva, es un texto complejo, difícil de analizar en su idioma y más difícil aún de traducir con rigor.

Por el momento, he comenzado a traducir “Autumnal Tints”. Es un ensayo del que ya existe una traducción al español, en la editorial José J. de Olañeta. Sin embargo, estos días he releído esta versión comparada con el texto original y he encontrado no sólo fallos de traducción (algunos de los cuales ya conocía), sino también omisiones y frases cortadas. En ninguna versión que conozca del ensayo se reflejan tales omisiones, por lo que sin duda son obra de su traductora, Silvia Komet. En uno de estos casos, por ejemplo, desaparece una comparación entre las hojas caducas y los frutos maduros.

VERSIÓN DE KOMET:

Creo que cuando una hoja vira de un color a otro más subido, da prueba de que ha llegado a una perfecta y última madurez.

VERSIÓN ORIGINAL:

I think that the change to some higher color in a leaf is an evidence that it has arrived at a late and perfect maturity, answering to the maturity of fruits.

MI VERSIÓN:

Creo que el cambio de la hoja hacia un color más intenso es una prueba de que ha llegado a una última y perfecta madurez, que responde a la madurez de los frutos.

Aunque la mayoría de omisiones y errores, una vez corregidos, no merezcan más atención, algunos revelan una gran escasez de conocimiento sobre la vida de Thoreau y su entorno, como la interpretación de que, en una de sus anécdotas, estaba cabalgando. Con una breve investigación se ve que, aunque “riding” también se traduzca por “cabalgar”, Thoreau se refiere seguramente a un viaje en algún medio de transporte, seguramente en tren. Ni lo que sabemos sobre la vida de Thoreau ni el propio contexto de la anécdota permite pensar que el autor estuviera practicando equitación cuando, como él dice, habló con alguien que no solía ver los bosques en otoño. Resulta incoherente, en primer lugar, que encontrara a tal persona cabalgando; y más aún que estuvieran cabalgando juntos. Más bien, ambos estarían viajando hacia el mismo lugar. Es difícil establecer en qué momento, ya que incluso en sus diarios esta referencia aparece, el 27 de octubre de 1858, como un recuerdo.

Además de hacer una nueva traducción que enmiende este tipo de omisiones, incluiré, como ya es habitual, aclaraciones sobre la versión original del texto y sus variaciones. Como ya he destacado otras veces, a lo largo de las sucesivas ediciones de los textos de Thoreau se van produciendo cambios sutiles, ya sea en la ortografía, en los signos de puntuación, o por otro tipo de censuras o erratas. La naturaleza de tales cambios es muy diversa, y sin duda están presentes en “Autumnal Tints”. Por lo que he podido comprobar, no son grandes cambios (como sí los hay en otros ensayos).

Actualmente cuento con dos versiones anotadas de los ensayos de Thoreau, una de Lewis Hyde y otra de Jeffrey Cramer. Aunque en algunos casos Lewis Hyde me sorprende, su edición suele incluir muchas de las modificaciones que han sufrido los ensayos de Thoreau, especialmente en sus obras completas. Por otro lado, parece que Jeffrey Cramer opta siempre por la versión original, así que creo que comparar ambas será muy provechoso.

City Hall Pond, en Newton, Massachusetts

Con la traducción de “Autumnal Tints” casi habré cerrado el proyecto de la historia natural de Thoreau, que consta de cuatro ensayos, según su cronología original: “Historia natural de Massachusetts” (1842), “La sucesión de los árboles forestales” (1860), “Colores otoñales” (1862) y “Manzanas silvestres” (1862). De estos cuatro, tres pueden descargarse directamente en la sección de traducciones.

A esto sólo faltaría añadir un estudio sobre los últimos manuscritos, con algunos fragmentos traducidos de Faith in a Seed y Wild Fruits. El motivo de no traducir completamente estas obras es que, en primer lugar, son ediciones muy recientes que no son de dominio público; y, en segundo lugar, son por sí mismas fragmentarias. Traducir estas dos extensas obras sería un trabajo muy largo e inútil, a mi entender, en comparación con la posibilidad de hacer una traducción selectiva y adaptada al análisis de la labor científica de Thoreau.

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