Wild Fruits: los últimos manuscritos de Thoreau

   Durante sus últimos años de vida, Henry Thoreau se dedicó apasionadamente al paseo, al estudio de la naturaleza y a la escritura; buena cuenta de ello dan sus últimos ensayos: Walking, Autumnal Tints, Wild Apples…. Sin embargo, algunos de sus manuscritos no vieron la luz hasta mucho tiempo después de haber muerto su autor. Es el caso de The Disperssion of Seeds y Wild Fruits, publicados por primera vez en la década de 1990, y ambos editados por Bradley Dean.

wild fruits   En este último, Wild Fruits, el filósofo de Concord no sólo elabora un estudio sobre diferentes tipos de fruta, sino que se detiene también en la relación que guardan con su entorno, con las ardillas, las ratas almizcleras, los azulejos, los búhos, los conejos y otros animales, en sus características según la estación, e incluso en cómo estudiarlas. Elabora una investigación tanto científica como estética, incluyendo sus propios comentarios y reflexiones.

   También encontramos ideas ‘ecologistas’, en las que Thoreau muestra su preocupación por el olvido de los bosques y de la vida salvaje, y la importancia que le otorga a ésta (en ensayos como Walking, donde afirma que lo salvaje es el sustento de toda civilización):

“Creo que cada ciudad debe tener un parque, o mejor un bosque primitivo, de quinientos o mil acres [aprox., 200 o 400 hectáreas], bien en un parte o varias, donde ni una rama se corte para combustible, ni para la flota, ni para hacer carros, sino que se levante y decaiga por mayores usos—una propiedad común para siempre, para el aprendizaje y la recreación.” (Wild Fruits, p. 238)

   Thoreau incluso reflexiona sobre la labor científica:

“Ha llegado a esto, que A—, un recolector profesional de arándanos, ha alquilado el campo de B—, y, supondremos, ahora está recogiendo la cosecha con un rastrillo tirado por caballos. C—, un cocinero profesional, está supervisando la cocción de un pudin hecho con algunos de los arándanos, mientras el profesor D—, para quien está destinado el pudin, se sienta en su biblioteca a escribir un libro—una obra sobre las Vaccinieae, por supuesto. Y ahora el resultado de este proceso descendiente se verá en esa obra, que debería ser el último fruto del campo de arándanos. No tendrá valor. Nada habrá en ella del espíritu del arándano, y su lectura será un agotamiento de la carne. Confío en un tipo diferente de división del trabajo:  que el profesor D— debe estar animado para dividirse libremente entre su biblioteca y el campo de arándanos.” (Wild Fruits, p.  58)

   Este ensayo, como muchos otros de Thoreau, es el resultado de una investigación de este tipo: un estudio tanto en las bibliotecas como en los campos, en los bosques, en los ríos y lagos, en las colinas y montañas… Nos encontramos, por tanto, ante un texto extenso y rico, en el que cualquiera puede perderse e indagar una y otra vez en busca de los más suculentos frutos.

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