Reseña: Volar. Apuntes sobre aves (una antología)

Me he animado a reseñar esta antología, especialmente, por los fantásticos momentos que me ha proporcionado su lectura en ciertas ocasiones, en medio de algún cañaveral rodeado de patos y carrizos, o tras subir hasta una colina. Pues acostumbro a llevar alguna lectura en la mochila, aunque luego no tenga tiempo para leer demasiado. Pero, con este libro, incluso un día me pude permitir el gusto de tomar notas a los márgenes y completarlo con mi propia experiencia pedestre. Por lo tanto, espero que en este caso se me permita hacer una reseña más personal.

978841586252

Thoreau: Volar. Apuntes sobre aves. Logroño: Pepitas de Calabaza, 2016.

Como primer comentario, conviene señalar que la obra tiene no sólo la intención de recopilar fragmentos notables de las observaciones de Thoreau sobre las aves, sino también el compromiso con la rigurosidad de la traducción en lo que respecta a las especies. En ello se ha esmerado especialmente el traductor Eduardo Jordá. Encontramos traducciones rigurosas de los nombres de aves que en otras ediciones de los textos de este autor han sido mal interpretadas, por ejemplo el grévol engolado (Bonasa umbellus, que en inglés se confunde con la perdiz ya que suele tener el nombre común partridge) o el colimbo (Colymbus glacialis, al que Thoreau persiguió en su barca, en una famosa narración de Walden, refiriéndose a él con el nombre común loon, que algunas veces ha sido mal traducido como somormujo). Estos errores se deben a que los nombres comunes de especies europeas a veces coinciden con los de las especies norteamericanas y, ante el desconocimiento de las especies locales a las que el filósofo de Concord se refería, los traductores han realizado una interpretación errada.

La edición de esta obra, realizada por Antonio Casado da Rocha y José Ignacio Foronda, mantiene un esquema típico en las antologías, aunque detallado. Ya que la gran mayoría de los fragmentos provienen de los diarios de Thoreau, están ordenados cronológicamente. Tal vez ésta no sea la mejor idea para una antología tan focalizada temáticamente, pues podría resultar más sugerente organizar los fragmentos según las aves mencionadas o incluso el tipo de fragmento (descripciones, juicios, estudios más detallados, interacciones, etc.). Sin embargo, la organización cronológica del texto también permite leerlo sin complicaciones, atendiendo sencillamente al contenido de cada idea particular. Esto es lo que yo mismo he hecho cuando lo leía paseando, o sentado tranquilamente escuchando el canto de las aves en un parque o en una reserva natural.

Thoreau siempre sorprende, incluso con algo aparentemente tan simple como describir aves. Si, es sencillo, pero no por ello carece de profundidad. Sus comparaciones son sugerentes y su imaginación se desborda en ideas tan concretas y enigmáticas como: “El azulejo carga con todo el cielo sobre su espalda” (3 de abril de 1852), o “La golondrina tiene más aire en los huesos que otros pájaros, aunque sus pies son muy defectuosos. Es el pez del aire y su canto es la voz del aire.” (23 de julio de 1851).

La introducción es breve y concisa, lo suficiente para describir la edición, para explicar la idea que atraviesa todo el libro y para abrir boca al lector. Rebosa tanta sencillez como rigurosidad, dos características fundamentales para conocer la filosofía thoreauviana.

Sin duda es una lectura ligera, pero no puede leerse con ligereza. La lectura sedentaria, junto a manuales de ornitología, seguramente extinga su principal fuerza. Puede leerse en un bosque, o en un campo, o solamente sentado en un jardín rodeado de aves, en uno de esos momentos, como al atardecer, cuando todas revolotean y entonan sus cantos. Ese ambiente condimenta el texto, es la sazón apropiada para su lectura tal como lo fue para su escritura. Aunque el lector no alcance el nivel de precisión ornitológica y la capacidad imaginativa del autor, puede llegar a comprender al menos algunos de sus detalles si intenta leer con cautela y observando su entorno. Por eso creo que en el mejor de los casos Volar no sólo nos permite comprender con rigurosidad las observaciones de Thoreau sobre diversas aves, sino también vernos empujados a hacer nuestras propias observaciones y a mirar nuestro entorno desde otra perspectiva. Tal es su mejor fruto.

 

 

Acerca de Diego Clares

Doctorando de filosofía en la Universidad de Murcia. http://thoreauencastellano.com http://diegoclares.wordpress.com
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