Consideraciones de la historia natural en Thoreau

Estoy empezando, como de costumbre en verano, con mis lecturas intensivas. Este año he adquirido varios libros en inglés sobre Thoreau, y uno de ellos me ha impresionado gratamente. Conforme termine mi lectura haré algún comentario en profundidad, pero por ahora quiero hacer notar la importancia que creo que tiene este estudio.

Se trata del libro de Joan Burbick Thoreau’s Alternative History, que, lejos de tratarse de un relato histórico, hace un recorrido por la concepción alternativa que tiene Thoreau de la historia (civil, o, como yo prefiero, doméstica). Burbick maneja continuamente, a través de sus distintas obras, la tesis de que Thoreau pretende estudiar la historia natural como una historia “incivil” (insisto en que me gusta más “no-doméstica” o “indomada”, pero “uncivil” es el término que utiliza Burbick). Esta visión particular de la historia, articulada junto a la experiencia en primera persona, trae un modo de análisis de las obras de Thoreau que es muy sugerente, especialmente a la vista de los pocos ensayos críticos que analizan al filósofo de Concord.

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Cabe añadir que me parece una herramienta a tener en cuenta porque se fundamenta en gran medida en el estilo y el método de Thoreau para estudiar sus ideas, lo que hace que profundicemos aún más en el autor a la hora de leer sus textos no solo como una exposición de ideas, sino como un modo concreto, premeditado, de exponerlas, lo que a veces en hermenéutica se olvida.

Hasta aquí mis opiniones favorables a la tesis de Burbick. Creo, sin embargo, que hay cuestiones problemáticas tanto en su planteamiento como en su desarrollo. Primero, hay una falta de definición de lo natural frente a lo doméstico; como ya he dicho antes, prefiero “doméstico” a “civil” porque Thoreau utiliza el primero para referirse a toda acción humana sobre el entorno, que repercute también en éste (poniendo un ejemplo, decimos que un caballo es doméstico, pero no que es civil); por lo tanto, Thoreau no se opone tanto a que la historia sea civil sino, en general, a que se domestique, y por eso recurre a la naturaleza y, principalmente, y a partir de la década de 1850, a lo salvaje, algo a lo que casi no atiende Burbick.

En segundo lugar, el planteamiento de Burbick se basa en la distinción entre fenómeno y condiciones materiales (entiéndase que en referencia a “noúmeno” en sentido kantiano); pero a menudo confunde estos dos conceptos; primero afirma que Thoreau solo atiendo al fenómeno, luego que considera las condiciones materiales, y después que el fenómeno se percibe (lo que conceptualmente es erróneo, porque el fenómeno equivale de por sí a una percepción, y lo que se percibe es lo material). En cualquier caso, se trata de una distinción que, al no estar explícitamente en Thoreau, distorsiona el análisis de sus textos.

La tercera cuestión, derivada de la anterior, tiene que ver con la estética. Burbick considera continuamente la percepción, y la experiencia propia, como elemento de la narración histórica, pero no habla de estética. Al no hacerlo, está dejando de analizar cómo percibe Thoreau, y, a cambio, lo transforma en un autor estrictamente científico, que está en primera persona pero sin tener una percepción estética personal que lo defina. Es decir, Burbick quiere analizar los contenidos a través de la forma (historia natural), pero se olvida de la expresión, por lo que queda incompleto.

En cuarto lugar hay un problema mucho más específico: el uso recurrente del término “mapa” para referirse a la forma en que Thoreau describe la naturaleza. Burbick quiere exponer este concepto de “mapa”, según dice, para oponerse a la idea de la pintura estática de un elemento, y reflejar que Thoreau pone en contraste los distintos elementos de la naturaleza para describir un lugar. Creo que en el fondo tiene también la pretensión de dar un matiz más científico a su interpretación, ya que a menudo Thoreau hace estudios que tienen que ver con mapas; sin embargo, si atendemos a sus ensayos, encontramos paisajes completos y dinámicos, que pasan de una visión general a la descripción de un elemento mínimo y su puesta en común, y que tienen pocas referencias geográficas. Por lo tanto, prefiero utilizar el término “paisaje” o “entorno” antes que “mapa”.

Y por último, respecto al desarrollo que hace Burbick a lo largo del libro se presenta una gran deficiencia: que considera a Thoreau solo a través del prisma de la historia natural, por lo que al utilizar fragmentos en los que se contienen cuestiones que sobrepasan este tema, la interpretación queda forzada y reducida a lo que Burbick considera la historia incivil de Thoreau.

Pese a estas deficiencias, insisto en que es uno de los libros que más gratamente me ha sorprendido en los últimos años, y seguiré analizándolo en profundidad en la medida en que me sea posible, tanto para valorar su aportación como para rectificar sus deficiencias, ya que me parece un excelente punto de vista para analizar al de Concord.

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Acerca de Diego Clares

Estudiante de filosofía en la Universidad de Murcia.
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