Henry Thoreau: El posadero

He terminado recientemente, mientras preparo otros trabajos, la traducción de este ensayo, “The Landlord”, escrito y publicado por Thoreau en 1843, en la revista Democratic Review, cuando se encontraba viviendo en Staten Island. Es un texto que leí hace ya mucho tiempo y quería traducir, por sus peculiaridades. Habitualmente, los comentadores de Thoreau menosprecian “The Landlord” por ser, según dicen, una obra impropia de su autor, que no mantiene su estilo ni los temas del transcendentalismo, y cuya única razón de existencia era monetaria. Lo que podemos averiguar del texto, sin embargo, no parece indicar esto, sino incluso lo contrario.

En la introducción he detallado algunos argumentos que refutan las opiniones de ciertos autores al respecto, como Robert Richardson y Walter Harding. Éstos consideran que la preocupación manifiesta de Thoreau acerca del pago por su trabajo se traduce en una desvalorización de su obra. Apoyándome también en algunas observaciones de Steven Fink, he llegado a la conclusión de que “The Landlord” no sólo podía ser un texto tan vocacional como cualquier otro, sino que además su autor expresa en él nociones que aún mantendrá el Walden, y que incluso su estilo, por muy inusual que nos parezca en ocasiones, contiene elementos propios de las primeras obras de Thoreau y de los experimentos que fueron conformando su estilo posterior. En consecuencia, se trata de una obra legítima y digna de lectura.

Pese a que, para el lector habituado a pensar en Thoreau como un ermitaño, pueda parecer extraño que realice un elogio de la hospitalidad, su defensa del carácter sencillo y de las virtudes sociales del Landlord resultan, una vez consideradas en detalle, más thoreauvianas de lo esperado. El filósofo de Concord habla de este posadero (pues no se refiere sin más al propietario, sino a aquél que regenta una taberna o una posada, y que acoge a los viajeros) situándolo en una oposición radical frente al académico, el intelectual solitario y apático. Aunque no podemos imaginar que todo el elogio de las cualidades del posadero sea sincero, y a veces llega a los extremos de la burla, está claro que Thoreau encontraba en él una crítica necesaria contra la vida puramente intelectual, y también contra los prejuicios religiosos que condenaban la vida común. Por ello el autor considera que, más que en los templos, la religión más valiosa para la humanidad se encuentra en las tabernas.

Ya podéis descargar el texto en la sección de traducciones, o directamente aquí: El posadero.

 

Acerca de Diego Clares

Doctorando de filosofía en la Universidad de Murcia. http://thoreauencastellano.com http://diegoclares.wordpress.com
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