La sucesión de los árboles forestales

Ya tenéis a vuestra disposición esta traducción del ensayo “The Succession of Forest Trees”, de 1860, texto que hasta ahora no se había traducido a nuestro idioma. Como podréis comprobar, he consultado varias ediciones del texto, y he añadido una introducción donde comento algunas cuestiones respecto al contexto histórico del ensayo, su origen, sus ideas principales y, por supuesto, algunos detalles sobre esta edición. Además, he incluido una tabla de medidas y una nota bibliográfica con las obras que cita Thoreau.

El formato es similar al de “Manzanas silvestres”, para que sea más cómodo leer ambos textos impresos. Recomiendo la impresión de ambos a dos páginas por cara, ya que el tamaño de cada página es de A5.

Os recuerdo también que estoy consultando vuestras preferencias para la próxima traducción. Podéis comunicármelas a través de este formulario.

 

 

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Consulta para próximas traducciones

He hecho una selección de posibles traducciones en las que puedo empezar a trabajar próximamente. Me gustaría saber, como referencia, el interés que suscitan y cuáles pueden ser las más interesantes según vuestro criterio, y así elegir por dónde empezar.

Como dije anteriormente, la traducción de “Colores otoñales” vendría a completar las de “Manzanas silvestres” y “La sucesión de los árboles forestales”, en una edición comentada que incluiría algunos fragmentos de los últimos manuscritos. También se puede añadir a este proyecto “Historia natural de Massachusetts”.

Respecto a los paseos nocturnos, en los diarios hay fragmentos muy extensos e interesantes, que formarían parte de uno de los proyectos inacabados por Thoreau, “Moonlight”, cuyo contenido real se ha perdido casi por completo.

 

 

 

 

 

 

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Vida y entorno: la carrera científica de Henry Thoreau (3. Holismo empírico)

Finalmente, he podido concluir la tercera de estas tres entradas compilatorias de fragmentos sobre la carrera científica de Thoreau. En los próximos días añadiré, en la sección de ensayos, una versión revisada de todas ellas en un único archivo.

En la primera, introduje la influencia de dos autores fundamentales, Humboldt y Darwin; en la segunda, desarrollé algunas ideas entorno al ecocentrismo y la importancia del concepto de cosmos. En esta tercera entrada atenderé a otro concepto clave que, a partir de la influencia de la ciencia humboldtiana y a través de las simpatías científicas de Thoreau y su posterior afiliación al evolucionismo, permite dar una explicación coherente del tránsito por el que se distanció del transcendentalismo emersoniano: el holismo empírico. Este concepto, con el que Laura Walls intenta ahondar en las características del empirismo thoreauviano, se opone en muchos aspectos fundamentales a la propuesta del transcendentalismo expuesto por Emerson, que la autora denomina “holismo racional”.

El empirismo de Thoreau

Cabe comenzar esta antología con una referencia a Walden:

Todo hombre es el constructor de un templo, llamado su cuerpo, para el dios que adora, detrás de un estilo puramente propio, del que no puede zafarse martilleando el mármol en su lugar. Todos somos escultores y pintores, y nuestro material es nuestra propia carne y sangre y huesos. Cualquier nobleza comienza inmediatamente a refinar un rasgo del hombre, cualquier codicia o sensualidad a embrutecerlo. (Thoreau, Walden, p. 245)

Esta afirmación se mantiene en la línea habitual del transcendentalismo, pero podemos sospechar que hay algo más detrás de ella. Thoreau, frente a gran parte del discurso transcendentalista, hace continuas referencias al hábito cotidiano, al cuerpo y a los sentidos como una fuente ineludible de conocimiento. Otros transcendentalistas, como Emerson o Alcott, dedicaban sus escritos a explicar la conexión con lo espiritual más allá del mundo. Esto hace pensar que para Thoreau, de algún modo, lo espiritual no está más allá de lo sensible. Esta misma sospecha da pie a la tesis de Laura Walls respecto al holismo empírico de nuestro autor.

El extenso ensayo de Emerson, Nature, presentó a sus lectores una vía para reunir la desgarrada trinidad, Naturaleza, Dios y Hombre, a través de la recuperación del espíritu que fluía atravesando todo y atándolo a una única ley. Este programa descansa sobre la creencia de que el universo está creado como una totalidad, entera y completa y en proporción a nuestras mentes. […] Esta creencia y el programa de consolidación que descansa sobre ella forman el punto clave de ese complejo que quiero llamar holismo racional (Walls, Seeing New Worlds, p. 60)

En el giro de la década de 1850, Thoreau se movió a través de la crisis producida por sus circunstancias externas y las contradicciones internas del holismo racional, hacia un nuevo programa para su carrera, uno que le permitiría fusionar la poesía y la ciencia, informaciones de la naturaleza y aspiraciones espirituales. (Walls, Seeing New Worlds, p. 134)

En los años posteriores a 1850, lo que Thoreau se esforzó en crear fue, en cierto sentido, una nueva forma de ciencia, una scientia que fuera más relacional que objetiva. Este “conocimiento relacional” extendía y aplicaba las posibilidades abiertas por la desintegración del dualismo sujeto/objeto (Walls, Seeing New Worlds, p. 147)

El compromiso de Thoreau con la experiencia, pero sobre todo con la intimidad entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido, hizo que aumentara su rigor científico y su interés por las precisiones epistemológicas. Incluso algunos de sus ensayos, como “Night and Moonlight” y “Walking”, pueden leerse como reflexiones en este campo.

Lo que llamamos conocimiento es a menudo nuestra ignorancia positiva; la ignorancia nuestro conocimiento negativo. (Thoreau, “Walking”, p. 239)

Pero ya en Walden hay una gran aproximación a la cuestión del conocimiento directo de la realidad. Si bien hay que tener en cuenta que hablar de realidad, a secas, no equivale a defender un empirismo; no obstante, todo Walden es especialmente empírico en cuanto que Thoreau continuamente remite a la experiencia en primera persona.

Si la campana suena, ¿por qué debemos correr? Consideremos a qué tipo de música se parece. Vamos a establecernos, y a trabajar y colocar nuestros pies más abajo atravesando el barro y el fango de la opinión, y el prejuicio, y la tradición, y la desilusión, y la apariencia, y el aluvión que cubre el globo […] hasta que alcancemos un sólido fondo duro y rocoso, que podamos llamar realidad, y decir “Esto es, no hay error”, […] un lugar donde puedes cimentar un muro o un estado, o poner un poste con seguridad, o quizás un medidor, no un Nilómetro, sino un Realómetro […]. Sea vida o muerte, sólo anhelamos la realidad. (Thoreau, Walden, pp. 108-109)

Un punto clave para entender por qué el filósofo de Concord desarrolla un holismo empírico, al menos en Walden, está en su relación con el entorno natural.

Experimenté a veces que la más dulce y tierna, la más inocente y alentadora sociedad, puede encontrarse en cualquier objeto natural, incluso para el pobre misántropo y el hombre más melancólico. […] Mientras disfruto de la amistad de las estaciones, confío en que nada puede hacer de mi vida una carga. (Thoreau, Walden, p. 145)

Para Emerson, esta amistad sería imposible debido a que, según la teoría que expone en Nature, en la naturaleza perceptible no hay espíritu con el que dialogar, alguna razón que nos responda. El mundo material se presenta conteniendo el espíritu o reflejándolo; el cuerpo humano contiene un alma que conecta con el espíritu transcendente, mientras que el resto de cuerpos sólo se disfrazan o adoptan superficialmente el orden espiritual. Pero para Thoreau no hay en la naturaleza un mero reflejo sino un interlocutor; en la materia está todo lo espiritual que podemos conocer, y así leemos por ejemplo en “The Succession of Forest Trees” que se refiere a las acciones de la Naturaleza (con esa mayúscula empleada para hablar de un orden transcendental) cuando describe la interacción de los animales, vegetales y elementos climáticos. Por ejemplo, en su descripción de los modos de transporte de las semillas menos ligeras, las que no tienen por sí mismas alas o sistemas por los que trasladarse aprovechando el viento:

Así, aunque las semillas no están provistas de alas vegetales, la Naturaleza ha impulsado a la tribu de los zorzales para llevarlas en sus picos y volar lejos con ellas; y están alados en otro sentido, y más eficazmente que las semillas de los pinos, por lo que pueden transportarse incluso contra el viento. (Thoreau, “The Succession of Forest Trees”, p. 188)

Pero en este ensayo, más centrado en el estudio científico que en la reflexión sobre tal estudio, encontramos menos pistas, o más difíciles de descifrar, en cuanto al holismo empírico de Thoreau y su epistemología. En “Walking”, así como en múltiples entradas de sus diarios, hay mejores muestras de ello:

No querría que todo hombre o toda parte de un hombre esté cultivada, más que querría que todo acre de tierra estuviera cultivado: una parte estará labrada, pero la mayor parte será campo y bosque. (Thoreau, “Walking”, p. 238)

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Concord River

La ciencia no incorpora todo el conocimiento de los hombres, sólo el que tienen los hombres de ciencia. El hombre de los bosques me dice cómo cogió una trucha con una caja-trampa, cómo hizo su cuba para savia de arce con tablones de pino, y los bebederos de zumaque o fresno blanco, que tienen mucho tuétano. Él puede relatar estos hechos de la vida humana.

El conocimiento de un hombre iletrado está vivo y exuberante como un bosque, pero cubierto con musgo y líquenes y en su mayor parte inaccesible y desperdiciándose; el conocimiento de un hombre de ciencia es como la madera recogida en el campo por trabajadores públicos, que están dejando un brote verde aquí y allá, pero incluso esto está sujeto a la putrefacción. (Thoreau, Journal, 7 de enero de 1851)

En el sentido aquí expuesto hará su aparición el concepto de wildness, de la salvajez o, por emplear una traducción menos convencional pero más adecuada a la definición thoreaviana, el entusiasmo. La wildness es un aspecto diferenciador, que divide radicalmente el holismo racional y el empírico. Walls señala que, mientras para el primero el orden del mundo en su totalidad está predefinido y es accesible racionalmente, para el segundo hay una importante indeterminación que requiere mayor conocimiento práctico, interacción con el entorno específico, o con los tiempos actuales, y una revisión continua de nuestros conceptos y conocimientos. La wildness implica cambio, mutación, vida y muerte, sensibilidad, materialidad… El transcendentalismo de Emerson (racional) no encuentra en ello algo más valioso que en el orden ideal, e incluso lo desprecia como un devenir que impide apreciar la verdad. Pero para Thoreau el orden es algo unido a la materia, en una especie de recuperación del hilemorfismo aristotélico. Por ello conocer el mundo es algo más que abstraerlo a partir de observaciones estáticas; requiere una interacción íntima y una simpatía, un proceso intersubjetivo y, sobre todo, entusiasta.

Lo más alto que podemos alcanzar no es el Conocimiento, sino la Simpatía con la Inteligencia. (Thoreau, “Walking”, p. 240)

Bibliografía

  • Thoreau, Henry David, The Writings of Henry David Thoreau. Journal, 14 vols., Boston: Houghton Mifflin & co., 1906.
  • Thoreau, Henry David, “The Succession of Frest Trees”, en The Writings of Henry David Thoreau, vol. V, Boston: Houghton Mifflin & co., 1906.
  • Thoreau, Henry David, “Walden”, en The Writings of Henry David Thoreau, vol. II, Boston: Houghton Mifflin & co., 1906.
  • Thoreau, Henry David, “Walking”, en The Writings of Henry David Thoreau, vol. V, Boston: Houghton Mifflin & co., 1906.
  • Walls, Laura Dassow, Seeing New Worlds: Henry David Thoreau and Nineteenth-Century Natural Science, Madison: The University of Winsconsin Press, 1995.

 

 

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